Un amor más allá del amor,
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y de la compañía.


Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.


Un amor para estar juntos
o para no estarlo
pero también para todas las posiciones
intermedias.


Un amor como abrir los ojos.
Y quizá también como cerrarlos.




Roberto Juarroz

Se escondía, o al menos algo no dejaba ver, estaba en otra, iba pa La Granja a hacer no se qué cosa con no sé quién. Me nombró ese lugar en dos ocasiones pero no le presté atención hasta ahora. Sé que pedía ayuda, no me lo decía con palabras, me lo comunicaba con el cuerpo, con la mirada, sus movimientos y evasiones. Quería ayudarlo pero desperté.